La visita del presidente de la República, Yamandú Orsi, al portaaviones estadounidense USS NOMITZ, generó una fuerte polémica política y sindical, luego de que el PIT-CNT rechazara públicamente la decisión por considerarla contraria a los principios de paz y, además, potencialmente violatoria de la Constitución.
El hecho ocurrió durante el fin de semana, cuando Orsi abordó el portaaviones USS Nimitz, que se encontraba navegando cerca de la costa uruguaya, lo hizo junto al embajador de Estados Unidos, Lou Rinaldi, el canciller Mario Lubetkin y autoridades militares estadounidenses, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y el recrudecimiento de la presión de Washington sobre Cuba.
Desde la oposición, el senador del Partido Nacional (PN), Sebastián Da Silva, calificó el episodio como una «vergüenza» y también cuestionó la legalidad del procedimiento, al considerar que no se cumplieron los requisitos institucionales correspondientes.
El portaaviones USS Nimitz, en servicio desde 1975, ha participado en operaciones militares en escenarios como Irak y Afganistán, lo que también alimenta el debate sobre el simbolismo de la presencia de este tipo de estructuras militares en la región.
El presidente Orsi sostuvo que la visita refleja la «buena relación» de años entre Uruguay y Estados Unidos y aseguró que no implica un cambio de política exterior. En declaraciones, Orsi describió al portaaviones como una «tecnología y una forma de concebir la defensa bastante diferente» a la uruguaya, y enfatizó que la jornada fue el resultado del «diálogo permanente y de intercambio» entre ambos países.
El artículo 85 establece que la Asamblea General debe autorizar el ingreso de fuerzas extranjeras al país. Este mandato exige trámite parlamentario previo ante visitas militares, en contraste con la operación en que participó Orsi, que no contó con el permiso formal. Sin embargo, desde el gobierno sostuvieron que se trató de una visita logística y no una cuestión militar.

